3 de octubre de 2026 · Vol. XXXIV · № 12.328 Recibe la cartaBuscarGuardados
THE APEX GASTRONOMY CHRONICLE
Comida La Lonja y el MostradorEl Teletipo El ÍndiceLa Redacción
LO ÚLTIMO
Del animal a la mesa●Renovación de la cocina: tendencias anticuadas que debes evitar●¡Ryū Hamasaki, el rey de la gastronomía de Reiwa, se da cuenta! Un ramen de sal de la calidad de una tienda especializada en ramen encontrado en un restaurante de soba en Kitashinchi●Cuando los cítricos del Lejano Oriente se encuentran con el gin tonic: la receta de Calamansi & Tonic●Clavar clavos de olor en un limón: un remedio casero cada vez más popular●El caldo de pollo se enturbia fácilmente. Cocinarlo a fuego lento, retirar la espuma y colarlo correctamente ayudará a que se enturbie●Juan Arbelaez, chef colombiano: “Para madurar un aguacate rápidamente, mételo en una bolsa de papel marrón y desliza la fruta dentro”●¿Cómo preparar huevos con queso?●Prepara compota de pera de forma rápida y sencilla. El ácido protegerá la fruta del oscurecimiento●El ingrediente que sustituye a la leche en los huevos revueltos y lo cambia todo, según un experto culinario●“Esa frase siempre me saca de quicio”: los panaderos no soportan esta petición de los clientes●¿Qué debería cocinar este fin de semana?●
La Lonja y el Mostrador
Tomar un sorbo de capuchino por la tarde: un experto te ayuda a comprender los hábitos alimenticios del mundo

Tomar un sorbo de capuchino por la tarde: un experto te ayuda a comprender los hábitos alimenticios del mundo

Quien crea que existe un código de etiqueta universal aplicable por igual a todas las culturas pronto descubrirá que está equivocado.

Las reglas varían de una cultura a otra.

«Las normas alimentarias varían mucho entre culturas», señala Ágnes Veszelszki. El ejemplo más evidente es quizás el eructo: en la mesa europea, es una indecencia imperdonable. En algunas culturas asiáticas, es señal de satisfacción, e incluso una forma aceptada de expresar aprecio al anfitrión y al cocinero. Lo mismo ocurre con el sorber: en Japón, es completamente natural —e incluso esperado— sorber la sopa ruidosamente, sobre todo las ricas en fideos. En Europa, lo mismo provoca inmediatamente miradas de desaprobación. Una sola manifestación, pero dos mundos distintos.

El orgullo gastronómico de un país también puede dar lugar a normas extrañas, incluso inusuales, para otras naciones. Por ejemplo, los italianos no solo se enorgullecen de sus tradiciones culinarias, sino que a menudo esperan que los turistas las sigan: el capuchino es una bebida para el desayuno; no es apropiado pedirlo después de la comida, ya que la leche dificulta la digestión. La pasta larga no debe romperse antes de cocinarla ni cortarse después; no se añade queso, ni siquiera parmesano, a los platos de pescado; no se debe pedir piña ni pollo con la pizza, ni kétchup con la pasta. Todo esto ilustra perfectamente el principio general que Ágnes Veszelszki expone directamente: «Cuando estamos en el extranjero, debemos respetar las costumbres alimentarias del país y adaptarnos a ellas».

La hospitalidad como honor

En el mejor de los casos, dar la bienvenida a un invitado no es una obligación social, sino un verdadero honor. En Asia, Oriente Medio y el norte de África, por ejemplo, la hospitalidad tiene una lógica completamente diferente a la que estamos acostumbrados en Europa. «La hospitalidad en estas regiones no es una obligación, sino un honor. Por eso tratan al invitado con especial atención», explica Ágnes Veszelszki. Esta atención especial también espera una reciprocidad por parte del invitado. Un buen ejemplo de ello es la invitación a un café árabe, que no es apropiado rechazar: el gesto se basa en la amistad, y la negativa puede interpretarse fácilmente como una ofensa.

Cuando nos sentamos en territorio extranjero

¿Qué debemos hacer si nos encontramos en la mesa de una cultura desconocida y no tenemos ni idea de las costumbres locales? La respuesta es sorprendentemente sencilla: escuchar. «Vale la pena imitar a los demás, incluso al anfitrión», aconseja el experto. Si todos a nuestro alrededor comen en silencio, no deberíamos ser nosotros quienes fuercemos la conversación hablando en voz alta. También podemos aprender de los demás cómo comer platos desconocidos y usar los cubiertos; esta es una de las maneras más seguras de evitar situaciones incómodas.

El delicado tema del alcohol

En una cultura extranjera, pocos temas son tan delicados como el consumo de bebidas alcohólicas, y en este sentido, la falta de información puede provocar serias molestias.

En los países musulmanes, donde el alcohol está prohibido, ni se te ocurra pedir una bebida alcohólica en un lugar público. «No reacciones con violencia si te advierten de la prohibición», subraya Ágnes Veszelszki. En cambio, en los países vinícolas tradicionales, el vino es un tesoro celosamente guardado: no lo pidas en un buen sitio y no le pongas hielo. La excepción es el rosé spritz, muy de moda en Francia, donde el hielo es imprescindible.

Como invitado, conviene seguir una regla sencilla: solo pida bebidas alcohólicas si el anfitrión lo ha hecho. Y por muy buena que sea la compañía, tenga siempre cuidado de no beber en exceso.

Lea nuestro otro artículo especializado sobre el tema:

Una mesa, muchas tradiciones

En el mundo actual, cada vez más religiones, culturas y dietas conviven en armonía. Esta situación no representa un obstáculo, sino una oportunidad, siempre y cuando ambas partes la aborden con una actitud similar.

La fórmula funciona en dos direcciones. «Los invitados deben adaptarse al anfitrión, pero un buen anfitrión también hace todo lo posible para que sus invitados se sientan lo más cómodos posible», afirma el investigador. Un anfitrión atento prevé posibles intolerancias alimentarias, presta atención a la disposición de las mesas y considera los diferentes hábitos de los invitados. En definitiva, la receta se aplica a todas las situaciones: «Con atención, apertura hacia los demás y consideración, se pueden resolver muchas situaciones difíciles».

¿Qué ocurre si cometemos un error?

Por mucho que nos preparemos, a veces, sin querer, rompemos alguna regla. En esos casos, lo peor que podemos hacer es quedarnos atrapados en el momento incómodo. «Si es un error accidental, no le des demasiada importancia», dice Ágnes Veszelszki. Si el error tiene solución, corrígelo y sigue adelante cuanto antes. Una actitud natural y tranquila suele valer más que cualquier disculpa.

Curiosidades encantadoras alrededor de la mesa

Entre las tradiciones culinarias, algunas nos arrancan una sonrisa a primera vista, pero encierran una hermosa reflexión. Según la superstición, trece comensales no pueden sentarse a la mesa. En Inglaterra, encontraron una solución ingeniosa: en esta ocasión, se coloca un osito de peluche como el decimocuarto comensal. Pero también existe una costumbre discreta, aunque apropiada: no debe haber reloj en el comedor. La idea que la sustenta es simple, lógica e infinitamente amable: el paso del tiempo no debería recordarnos que una comida en buena compañía inevitablemente terminará.

Las normas varían de una cultura a otra, las expectativas difieren y lo que es natural en casa puede generar fricciones en otros lugares. Sin embargo, la esencia de las buenas maneras —ya sea en una mesa de omakase en Tokio o en un servicio de catering en El Cairo— siempre es la misma: prestar atención a la otra persona, adaptarse a la situación y asegurarse de que todos en la mesa disfruten.

Más La Lonja y el Mostrador