2 de octubre de 2026 · Vol. XXXIV · № 12.327 Recibe la cartaBuscarGuardados
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Por qué no debes guardar los huevos en la puerta del refrigerador

Por qué no debes guardar los huevos en la puerta del refrigerador

¿Siempre has guardado los huevos en la puerta del refrigerador? Ten cuidado, lo has estado haciendo mal. Todos usamos los compartimentos de la puerta porque son prácticos y de fácil acceso, pero para los huevos, desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, son en realidad el peor lugar.

La razón son las fluctuaciones de temperatura: cada vez que abrimos y cerramos la puerta, la temperatura interior varía constantemente, y estas variaciones pueden provocar la formación de condensación en la cáscara del huevo. La cáscara es porosa y está protegida por una película natural llamada cutícula, que actúa como barrera contra agentes externos. La humedad puede dañar esta barrera y permitir que bacterias superficiales, como la Salmonella, penetren en el interior. Incluso el movimiento de la puerta de la cáscara puede ser un problema: al agitar los huevos se pueden crear microfracturas en la cáscara, permitiendo el paso de bacterias patógenas.

Pero entonces, ¿por qué hay un soporte para huevos en la puerta de muchos refrigeradores?

La respuesta es sencilla: una cuestión de costumbre. Antiguamente, los huevos se compraban a menudo sueltos, y la puerta era el lugar más práctico para guardarlos sin riesgo de que se cayeran. Por ello, durante años, los fabricantes de frigoríficos siguieron incluyendo ese soporte de plástico, casi convirtiéndolo en un elemento de diseño, aunque en los modelos más recientes esté desapareciendo.

¿Por qué solemos encontrar huevos fuera de la nevera en el supermercado?

La razón es siempre la misma: evitar la condensación. Si el supermercado guardara los huevos en la sección refrigerada, se acumularía condensación en la cáscara durante el trayecto desde la caja hasta su casa, lo que podría dañar la cutícula y favorecer la proliferación de bacterias. Al mantener los huevos a temperatura ambiente, la cadena de suministro garantiza una temperatura constante desde el productor hasta la tienda.

A pesar de esto, algunos supermercados mantienen los huevos refrigerados. ¿Lo hacen mal? En realidad, no. Hay una razón normativa: la ley permite conservarlos refrigerados siempre que la temperatura no baje de 5 °C durante un máximo de 72 horas. Esto permite al establecimiento prolongar la frescura del huevo sin provocar un cambio de temperatura tan drástico que se forme condensación al colocarlo en el carrito y llevarlo a casa.

¿Por qué tenemos que guardarlos en la nevera de casa?

Porque una vez que llegas a casa, el viaje ha terminado. Guardar los huevos en el refrigerador, preferiblemente en el estante medio o inferior, donde la temperatura es más estable y constante, alrededor de 4 °C, detiene el crecimiento de bacterias y retrasa su envejecimiento. También es recomendable dejarlos en su envase de cartón original, que ayuda a absorber la humedad y los protege de los olores de otros alimentos.

No laves los huevos antes de guardarlos.

Si los huevos están sucios con paja o tierra, no se deben lavar con agua antes de refrigerarlos, ya que el lavado puede dañar o destruir la cutícula protectora de la cáscara. Para eliminar la suciedad, es preferible la limpieza en seco con un paño o papel absorbente. Si están muy sucios y es absolutamente necesario lavarlos, recuerde hacerlo justo antes de usarlos para evitar que entren en contacto con otros alimentos durante la preparación.

Cuidado con la contaminación cruzada.

Por último, hay una precaución esencial: la cáscara puede contener bacterias patógenas. Por ello, es fundamental lavarse bien las manos con agua y jabón después de manipular los huevos y evitar que entren en contacto con alimentos o superficies de la cocina.

Incluso la forma de cascar los huevos puede marcar la diferencia. Aunque es algo que todos hacemos, es mejor no cascarlos por el borde del recipiente donde se cocinan: esto conlleva el riesgo de transferir bacterias de la cáscara directamente a la masa.

En definitiva, las pequeñas acciones cotidianas pueden marcar la diferencia en lo que respecta a la seguridad alimentaria, especialmente en recetas que requieren huevos crudos o poco cocidos.

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