El paté de gambas retro de Peter Som es un aperitivo de primera
Bienvenidos a "El cuaderno de la abuela", una serie que desentierra las recetas manuscritas de Mary Woo, la difunta abuela del diseñador de moda Peter Som.

Acompáñanos mientras exploramos 20 años de recetas que reflejan su experiencia como inmigrante chino-americana. En el camino, descubriremos secretos familiares ocultos, sabores nuevos y tentadores, y platos heredados invaluables que merecen una segunda vida en tu cocina. Ahí está, en la página 99 de su libro de recetas encuadernado en espiral, escrito con su letra cursiva y fechado el 8 de mayo de 1977: Molde de camarones.
Camarones suspendidos en sopa de tomate con gelatina… ¿Qué hacía ese plato tan estadounidense y tan típico de los años 70 allí, entre los platos cantoneses favoritos de mi difunta abuela? Mi abuela era de mente abierta y curiosa.
Esa curiosidad se extendía a todo lo nuevo y llamativo del supermercado, que en aquella época significaba comidas preparadas como la gelatina y las sopas enlatadas. A menudo se llevaba a casa varias latas de sopa Campbell's y las mezclaba (con resultados diversos) para intentar preparar un primer plato original para la cena.
En Hong Kong, incluso las familias de clase media como la de mi abuela solían tener cocineros, pero en San Francisco, nuestra familia no podía permitirse esos lujos. La realidad de alimentar a una familia de ocho personas con tres comidas al día no era algo que aprendiera en la escuela, así que recurrió a atajos típicos estadounidenses. Y así fue como el moho de camarones terminó en el recetario de la abuela.
Esta receta clásica me dio la oportunidad de revivir el pasado, pero sabía que tenía que darle un toque moderno. ¿Podría una versión actualizada y más casera del plato brindar la misma comodidad y sencillez que la de la abuela?
Lo primero fue lo primero: adiós a la sopa de tomate y en su lugar usé tomates cherry asados. ¿Y los camarones? Para evitar que quedaran insípidos y gomosos, los trituré hasta convertirlos en un paté rústico.
Si aún tienes dudas, sigue leyendo: el resultado final fue tierno, cremoso y sabroso. Perfecto, pensé, para untar en rebanadas de baguette crujiente.
Invité a algunos amigos íntimos (¡Noche de moho de camarones, la mejor!) y les serví el plato para que lo picaran. ¡Para mi alegría, se lo comieron todo!
¡Y no fue por los martinis que lo dijeron! Claro, le quité la gelatina temblorosa y la sopa enlatada a la mezcla original, pero las tradiciones evolucionan.
Sin duda, a la abuela le encantaría.
- Quien: Belle Morizio Welcome · Grandma’s Notebook · Mary Woo



