El gusto y la sabiduría de las madres
Un gesto de su madre —tan sencillo como retirar la sartén del fuego para que una merluza al estilo romano terminara de cocinarse lentamente— inspiró a Alejandra Herrador. Cada verano, se las ingenia para preparar calabacines nuevos y así aprovechar la abundante cosecha del huerto de su tía.
La influencia de las mujeres de su familia es evidente en el trabajo de la gran mayoría de los chefs de alta cocina, como quedó patente el pasado fin de semana en Ezcaray durante la celebración de MAMA. Si bien el evento está intrínsecamente ligado a Ezcaray y La Rioja —empresas, asociaciones e instituciones locales han apoyado de todo corazón su organización—, MAMA también ha servido para fortalecer los lazos con la Comunidad Valenciana, invitada de honor en esta segunda edición. Las figuras más destacadas de su panorama culinario viajaron al Valle de Oja, desde Quique Dacosta hasta Paco Torreblanca, entre ellos Ricard Camarena, Kiko Moya, Begoña Rodrigo, Luis Valls, Susi Díaz, Alejandra Herrador, Vicky Sevilla y Vicente Patiño. También estuvo presente Santos Ruiz, responsable de la Denominación de Origen Arroz Valenciano, quien impartió un taller de paella valenciana, mientras que cerca de mil raciones se sirvieron en los jardines de la iglesia del pueblo a beneficio de [unclear - posiblemente "la Fundación Arroz Valenciano"].
Puños y pellizcos
Junto a los chefs valencianos, varios chefs riojanos, entre ellos Miguel Caño, Pedro Masip, Aitor Esnal, Fernando Sáenz, Jairo Gómez y Rodrigo Fernández Alcalde, subieron al escenario acompañados de sus madres o parejas para preparar algunas de las recetas familiares que más los han influenciado. Estas recetas abarcaron desde los garbanzos con rabo de buey preparados por Caño, chef de Nublo, hasta las versiones contrastantes del bacalao del Club Ranero presentadas por Jairo, chef del renovado Bar Satorre en Ezcaray, junto a su madre.
El programa ofreció reflexiones profundas, numerosas anécdotas y muchos momentos emotivos. Como cuando la periodista radiofónica Pepa Fernández y el formidable crítico Rafael García Santos se pusieron delantales para recrear las famosas croquetas de Marisa junto a Francis Paniego. O cuando Begoña Rodrigo se sinceró, confesando que al principio de su carrera sentía que a su cocina le faltaba personalidad, quizás porque a su madre nunca le gustó cocinar, "aunque era una anfitriona maravillosa y me enseñó a servir a los demás", explicó.
Se exhibió una gran variedad de ingredientes, tradiciones y estilos, pero quedó claro que la cocina de las madres es una «cocina de ojos, de puño, de pizca, no de recetas medidas, sino de intuición», como la definió Ricard Camarena. «Aunque la receta sea la misma, siempre hay matices que identifican el toque personal del cocinero», señaló Susi Díaz. En este intento por definir algo tan amplio como la cocina de las madres, quizás fue Miguel Caño quien dio en el clavo: «Se trata simplemente de mirar a tu alrededor y saber sacar el máximo provecho de lo que tienes».




