9 de septiembre de 2026 · Vol. XXXIV · № 12.304 Recibe la cartaBuscarGuardados
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De las prácticas a la evidencia: ¿Qué se necesita para una medición creíble de la sostenibilidad a nivel de explotación agrícola?

De las prácticas a la evidencia: ¿Qué se necesita para una medición creíble de la sostenibilidad a nivel de explotación agrícola?

Los compromisos corporativos con la agricultura regenerativa son cada vez más comunes, pero la evidencia de resultados medibles no avanza al mismo ritmo.

Esta brecha no se debe necesariamente a una falta de ambición. Más bien, la evaluación de FAIRR pone de relieve la dificultad constante de vincular los objetivos de sostenibilidad corporativa con datos consistentes y creíbles en miles de explotaciones agrícolas de diversas regiones geográficas.

La sostenibilidad a nivel de campo está determinada por las condiciones locales. Las prácticas de riego, fertilización y manejo del suelo producen resultados diferentes según los cultivos, los climas, los tipos de suelo, las estaciones y las explotaciones agrícolas. En algunos casos, los resultados pueden variar significativamente de una hectárea a otra.

Documentar simplemente que se llevó a cabo una práctica no basta para demostrar que se redujo el consumo de agua, se capturó carbono o se preservaron los sistemas de biodiversidad. Las empresas deben considerar qué cambió tras la implementación de la práctica, cómo se compara con la situación inicial y con qué grado de certeza se puede atribuir el cambio a la intervención. Toda esta información debe, además, superar un escrutinio independiente.

Por qué es difícil medir los resultados a nivel de explotación agrícola.

Las prácticas de agricultura regenerativa suelen incluir cultivos de cobertura y rotación de cultivos, labranza reducida y manejo integrado del ganado. Los resultados de estas prácticas varían según las explotaciones, las zonas geográficas y los cultivos, y lo que funciona en un campo puede ser ineficaz en otro.

En algunos casos, los cultivos de cobertura pueden contribuir a la supresión de malezas, al control de la erosión y a la salud del suelo, mientras que en entornos con escasez de agua deben gestionarse cuidadosamente para evitar competir por la limitada humedad del suelo.

“Adoptar la misma práctica no garantiza el mismo resultado, ya que cada explotación agrícola opera bajo diferentes condiciones de suelo, clima, cultivo y gestión”, explica Hande Gunacti, directora de Impacto Climático y de Sostenibilidad en Doktar.

Una práctica que mejora la humedad o la productividad del suelo en un lugar puede tener un efecto limitado —o requerir un enfoque diferente— en otro. Por eso, debemos evaluar las prácticas en su contexto local y medir los resultados en lugar de darlos por sentados.

Para elaborar informes exhaustivos se requiere un análisis mucho más profundo de cada situación particular.

Las prácticas no son resultados

Las divulgaciones sobre sostenibilidad y los informes de impacto suelen incluir indicadores de actividad y resultados, como las prácticas adoptadas o las hectáreas inscritas en un programa. Si bien estos indicadores son importantes para demostrar la escala y la implementación, por sí solos no muestran si una intervención ha generado resultados cuantificables, como la reducción del consumo de agua, la disminución de las emisiones, la mejora de la salud del suelo o el fortalecimiento de los medios de vida de los agricultores.

El reto no consiste en sustituir las métricas de actividad, sino en vincularlas claramente con los resultados ambientales y sociales que pretenden generar.

Como señaló FAIRR en su informe, este enfoque en la práctica en lugar de en los resultados dificulta la evaluación del verdadero alcance del programa regenerativo de una empresa y puede poner en entredicho la credibilidad de la organización.

Para evitar esto, y para ir más allá de las meras prácticas de presentación de informes, las empresas deben implementar una infraestructura de medición fiable.

¿Qué se requiere para una infraestructura de medición fiable?

Una infraestructura de medición eficaz no se limita a un conjunto de nuevas tecnologías. Requiere, más bien, un sistema operativo sólido que conecte los objetivos corporativos con la implementación por parte de los agricultores, el apoyo agronómico, la evidencia de campo, el cálculo de resultados y la verificación desde el inicio del programa.

Todo programa de medición requiere una línea de base: el nivel con el que se comparará el progreso.

Un programa de medición integral debe definir, desde el principio, cuál es la línea de base y qué metodologías se utilizarán para evaluar el progreso. La metodología adecuada depende del resultado ambiental que se evalúa, la intervención y el contexto local, explica Gunacti. Al igual que con las prácticas e intervenciones agrícolas, estas metodologías y el marco de referencia deben aplicarse de manera que reflejen las condiciones regionales y de las explotaciones agrícolas, así como los datos disponibles.

«Si no se definen la base de referencia y la arquitectura de datos desde el principio, resulta muy difícil demostrar qué ha cambiado realmente», señala. «Los programas deben establecer de antemano qué se medirá, cómo se recopilarán los datos, qué metodología se utilizará y con qué punto de referencia se comparará el progreso. De lo contrario, los equipos podrían llegar a la fase de presentación de informes con datos incompletos, inconsistentes o inadecuados para las afirmaciones que pretenden hacer».

La participación de los agricultores en cualquier proyecto es un componente fundamental desde el principio, y está directamente relacionada con la calidad de los datos, ya que son ellos quienes implementan y registran las actividades diarias sobre el terreno.

«Si no comprenden por qué se recopila la información, o si el proceso no refleja su forma de trabajar, los datos resultantes inevitablemente contendrán lagunas e inconsistencias», explica Gunacti. «Por lo tanto, la incorporación de los agricultores, la retroalimentación y el apoyo agronómico continuo deben diseñarse como parte integral del propio sistema de medición».

Las herramientas digitales, la teledetección y la automatización pueden hacer que la recopilación de datos sobre el terreno sea más consistente y escalable. Pueden ayudar a identificar anomalías, realizar un seguimiento de los cambios a lo largo del tiempo y respaldar las recomendaciones agronómicas.

Sin embargo, para obtener resultados fiables, la tecnología debe combinarse con la información proporcionada por los agricultores, la experiencia agronómica local, una incorporación activa y controles de calidad adecuados.

Los programas de medición deben utilizar metodologías reconocidas y apropiadas para el resultado ambiental que se evalúa. La metodología debe seleccionarse en la etapa de diseño del programa y aplicarse de manera consistente, con supuestos claros, límites definidos y evidencia que la respalde. Dependiendo del resultado previsto, las guías, herramientas de alineación y metodologías pertinentes varían. El marco de gestión del agua se alinea con la metodología de Contabilidad Volumétrica de Beneficios del Agua (VWBA) del WRI. Para evaluar y mejorar el desempeño de la sostenibilidad en las explotaciones agrícolas, el FSA de SAI Platform se aplica como marco de evaluación en todas las áreas de impacto.

Aplicación del monitoreo, reporte y verificación digital (MRV) en la gestión del agua.

El trabajo de Doktar en programas agrícolas multinacionales ilustra cómo funciona esta infraestructura de datos en la práctica.

Por ejemplo, la agricultura suele considerarse únicamente como una fuente de riesgo hídrico, aunque también puede ser una parte importante de la solución. Doktar ayuda a las empresas a ir más allá de las acciones de sostenibilidad limitadas a sus propias operaciones, abordando el uso del agua desde el origen, a nivel de las explotaciones agrícolas y las cuencas hidrográficas.

Doktar combina tecnologías de campo, monitoreo satelital, experiencia agronómica, participación de los agricultores e infraestructura de MRV (monitoreo, reporte y verificación) para mejorar las decisiones de riego, fortalecer la retención de agua en el suelo y traducir las intervenciones a nivel de finca en resultados ambientales creíbles.

La diferenciación no reside en un solo producto o herramienta de monitoreo, sino en la integración de tecnología, agronomía, participación y adopción por parte de los agricultores, y medición de impacto trazable dentro de un mismo modelo operativo. Esto permite que los programas de sostenibilidad transiten de actividades aisladas a resultados medibles y verificables.

Un programa típico de gestión del agua de Doktar comienza con una evaluación a nivel de explotación agrícola y de cuenca, tras la cual se definen la línea de base y la metodología de medición.

Posteriormente, los agricultores se incorporan al programa y reciben capacitación sobre herramientas y prácticas, con el apoyo de agrónomos. Las tecnologías implementadas pueden incluir sensores de campo, datos satelitales y herramientas de monitoreo de riego, todo lo cual contribuye a una toma de decisiones más informada.

El marco digital de MRV de Doktar supervisa el progreso a lo largo del tiempo, generando evidencia que puede ayudar a las empresas a comprender la relación entre las intervenciones sobre el terreno, los resultados relacionados con el agua, la resiliencia agrícola y los objetivos en la cadena de suministro.

Progreso creíble hacia 2030

Una infraestructura de medición fiable incorpora todos estos aspectos en el diseño de un programa desde el principio. Los resultados de la agricultura regenerativa no son resultados aislados; pueden influir en la resiliencia del abastecimiento, la productividad de los agricultores, el desempeño ambiental y toda la cadena de suministro de una empresa. Una planificación y un diseño de programa meticulosos desde el inicio son vitales para garantizar que las intervenciones generen un progreso medible y fiable a lo largo del tiempo.

Como señala Gunacti, “la medición no debe considerarse algo que se realiza al final de un programa de sostenibilidad, sino que debe integrarse en el programa desde el principio. Cuando las empresas conectan los objetivos de abastecimiento, la implementación por parte de los agricultores, la agronomía y la evidencia a nivel de campo, pueden ir más allá de las actividades de elaboración de informes y comenzar a tomar mejores decisiones sobre resiliencia, inversión y resultados a largo plazo”.

A medida que se acerca el año 2030, las empresas mejor posicionadas para demostrar progreso serán aquellas que puedan rastrear la conexión entre los compromisos corporativos, las intervenciones sobre el terreno y los resultados creíbles.

Datos clave
  • Porcentajes: 28% · 35%
  • Gráficos: 28% · 35%

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