La sopa de cebolla francesa se vuelve verde
Los tallos de ajo y las cebolletas aportan un toque de frescura a este clásico de los bistrós.

Las cebollas caramelizadas no requieren mucho esfuerzo, solo un poco (o bastante) de paciencia al removerlas. Pero cuando decides dedicarle casi una hora a cocinarlas, la forma en que uses esa maraña de cebollas suaves y doradas adquiere aún más importancia. Tal vez las coloques entre el pan de un sándwich de carne o las incorpores a una frittata.
Hemos descubierto que la mejor opción es infusionar un caldo con esas cebollas confitadas para preparar una sopa de cebolla francesa casera. Esta receta se inspira en la temporada, con una sopa clásica que se disfruta en cualquier época del año. La primavera es la protagonista.
En lugar del tradicional caldo de res, se utiliza un caldo de pollo más ligero, coronado con una mezcla de aliáceas verdes —como tallos de ajo, cebolletas y cebollas tiernas recién salidas de los mercados de agricultores— en forma de pistou, la versión francesa del pesto ligur sin piñones. No sería una sopa de cebolla francesa sin una capa de queso fundido, y si bien el clásico Gruyère o Comté funcionan a la perfección, el ligero sabor afrutado del Fontina armoniza idealmente con la frescura primaveral de este plato.
Al igual que en la versión tradicional, la riqueza de la cebolla caramelizada sigue presente, solo que realzada y potenciada por los verdes ajos ornamentales y las hierbas aromáticas para sacar a tu sopa de cebolla francesa del letargo invernal.



