Una nueva investigación exige una revisión de las directrices dietéticas nacionales para promover las dietas basadas en plantas
Mientras el mundo se prepara para la COP30, un nuevo estudio ha puesto de relieve la creciente necesidad de directrices dietéticas nacionales para apoyar mejor tanto la salud pública como la sostenibilidad ambiental.

La investigación, llevada a cabo por ProVeg International y publicada en las Actas de la Sociedad de Nutrición, analiza cómo las actuales guías alimentarias basadas en alimentos (GABA) suelen pasar por alto el papel fundamental de las dietas basadas en plantas para abordar algunos de los desafíos más acuciantes del mundo, como el cambio climático y los problemas de salud. El estudio, liderado por Anna-Lena Klapp, jefa de investigación de ProVeg, evaluó las guías alimentarias nacionales de 100 países.
El estudio reveló que, a pesar del creciente consenso científico sobre la importancia de la alimentación basada en plantas, la gran mayoría de estas directrices siguen priorizando los alimentos de origen animal y no ofrecen una orientación adecuada sobre las alternativas vegetales. La industria ganadera, en particular, se identifica como una de las industrias que más recursos consume y más contamina.
Mientras las naciones se reúnen en la COP30 para debatir formas de reducir las emisiones de diversos sectores, el documento subraya la necesidad de incluir cambios en la dieta en el diálogo. Señala que los productos de origen animal, especialmente las carnes rojas y procesadas, contribuyen no solo a la degradación ambiental, sino también a diversos problemas de salud, como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer.
Esto incluye la falta de recomendaciones sobre fuentes vegetales de nutrientes clave como proteínas, calcio y hierro. Abordar estas deficiencias es crucial para garantizar que las guías alimentarias basadas en alimentos sigan siendo relevantes para un amplio espectro de preferencias dietéticas, incluidas aquellas motivadas por factores ecológicos, éticos, religiosos y culturales”, observó Klapp. El documento propone que se revisen las guías alimentarias para subsanar esta omisión, ampliando las clasificaciones de los grupos de alimentos para incluir proteínas de origen vegetal, ofreciendo una orientación más específica sobre cómo limitar el consumo de alimentos de origen animal e incluyendo consejos sobre cómo mantener una dieta equilibrada con alternativas de origen vegetal.
Imagen: Mariola Grobelska en Unsplash Implicaciones culturales y económicas Más allá de las consideraciones de salud y medioambientales, la investigación también pone de relieve los factores culturales y económicos que influyen en las elecciones alimentarias. Para muchas personas, especialmente en regiones de bajos ingresos, las dietas basadas en plantas no solo son una preferencia de salud, sino una necesidad debido al alto coste y la limitada disponibilidad de productos de origen animal. Por lo tanto, la inclusión de alternativas de origen vegetal en las guías alimentarias podría contribuir a que la alimentación saludable sea más accesible a una población más amplia, sobre todo en zonas donde los productos de origen animal son prohibitivamente caros.
Además, la investigación subraya que las directrices nacionales deben ser culturalmente sensibles, reflejando los diversos hábitos y preferencias alimentarias de las distintas poblaciones. Por ejemplo, en países con grandes comunidades vegetarianas o veganas, como India, Etiopía e Israel, las directrices deben ofrecer consejos detallados sobre cómo mantener una dieta equilibrada sin productos de origen animal, especialmente para quienes siguen prácticas alimentarias religiosas o éticas.
El papel de las guías alimentarias en la salud global. La investigación de Klapp argumenta además que las guías alimentarias nacionales desempeñan un papel crucial para abordar el aumento mundial de las enfermedades no transmisibles (ENT), que a menudo están relacionadas con malas elecciones alimentarias. El artículo explica que las dietas basadas en plantas, cuando están bien planificadas, han demostrado ofrecer protección contra la obesidad, las enfermedades cardíacas y otras afecciones crónicas.
Klapp afirma que brindar dicha orientación ayudaría a apoyar a las personas que desean reducir su consumo de productos de origen animal y adoptar hábitos alimenticios más saludables y sostenibles. El camino a seguir: A medida que se acerca la COP30, se insta a los gobiernos a revisar sus directrices dietéticas para priorizar la salud y la sostenibilidad, especialmente a la luz de la creciente evidencia que vincula las dietas basadas en plantas con resultados ambientales y de salud positivos.
Las recomendaciones claras y basadas en la evidencia sobre la alimentación basada en plantas podrían ayudar a impulsar la transición global hacia sistemas alimentarios más sostenibles, reduciendo las emisiones, promoviendo mejores resultados de salud y mejorando la seguridad alimentaria en todo el mundo.
- Quien: ProVeg International



