2 de octubre de 2026 · Vol. XXXIV · № 12.327 Recibe la cartaBuscarGuardados
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¡Así se preparan las costillas fritas crujientes!

¡Así se preparan las costillas fritas crujientes!

Cocinar costillas no es tan complicado, pero la mayoría de las veces son los pequeños detalles los que fallan, y por eso lo que debería ser una cena deliciosa termina seco y correoso.

Cocinar costillas comienza con los ingredientes adecuados.

El primer paso, y el más importante, es siempre encontrar la carne adecuada. Claro que no con rifle y sombrero de caza, sino con una bolsa, ¡en una buena carnicería! Al elegir la carne, conviene prestar atención a los cortes con buena carne y que tenga la cantidad justa de grasa, porque en este caso, la grasa no es nuestra enemiga. Se derrite bien al freírla y evita que la carne se seque.

Si es posible, pida el chuletón entero, ya que se secará menos en el horno y podrá cortarlo limpiamente a lo largo del hueso después de servirlo. Si lo compra en una carnicería, pídales que retiren la membrana del hueso; si no es posible, hágalo usted mismo en casa. Sosteniendo una toalla de papel sobre el hueso (para que no se resbale), introduzca un cuchillo fino y afilado y retírela. Esto es importante porque la membrana puede quedar correosa incluso después de hornearla, e impide que la carne se sazone correctamente.

¡Siéntete libre de darle un toque especial!

La paciencia es clave al cocinar y preparar costillas, incluyendo el sazonado. Es recomendable sazonar la carne unas horas o incluso toda la noche antes de cocinarla. Esto permite que la sal penetre bien en la carne, logrando un sabor más uniforme. Si se utiliza un marinado, la carne tendrá tiempo de absorber mejor los sabores de las especias.

Así es como cocinarás tus filetes a la perfección.

La carne sazonada está lista para la prueba final: ¡el asado! Como dice el refrán, la cocción lenta da como resultado un asado tierno. Las costillas son un plato delicado que requiere tiempo; el colágeno de los tejidos conectivos necesita tiempo para transformarse en gelatina durante la cocción lenta y prolongada. ¡Esto hace que la carne quede suave y tierna!

La forma más sencilla es hornearlo en un horno a 140-150 grados, tapado. Coloca la carne en una bandeja para hornear y vierte un poco de líquido debajo. Puede ser agua o caldo, pero es importante no cocinarlo demasiado, ya que no queremos cocinarlo, solo crear un ambiente húmedo. Luego, cubre la bandeja con papel de aluminio, asegurándote de que quede bien sellada.

El tiempo de cocción depende del tamaño y grosor de las costillas, pero entre 2,5 y 3,5 horas suele ser suficiente para obtener el resultado deseado. Lo mejor es fijarse en la textura, no en el tiempo de cocción. Si puedes insertar fácilmente un tenedor o un pincho en las costillas, ¡vas por buen camino! No es necesario esperar a que la carne se desprenda del hueso; basta con que esté tierna y lista para cortar.

Los últimos retoques… o el brindis

Ya casi lo logras, solo falta un toque final para la cena perfecta. ¡Ahora toca tostar! Retira el papel de aluminio de la carne y deja que el horno alcance los 220 grados. Si tu horno tiene función de grill, ¡también puedes usarla! Tostar la carne lleva entre 10 y 15 minutos.

Puedes untar las costillas con el glaseado que prefieras recién salidas del horno: barbacoa, miel y mostaza, o algún glaseado asiático. Es muy importante que, si usas un adobo de azúcar o miel, no prepares café inmediatamente, ya que se quema con facilidad; por lo tanto, conviene vigilar la carne mientras se dora.

Vale la pena dejar reposar las costillas cocidas antes de empezar, pero no hay de qué preocuparse, no hace falta que esperes media hora, con 10 minutos es suficiente. Corta siempre a lo largo del hueso: como las costillas están tan tiernas que se deshacen fácilmente, la carne estará blanda, ¡así que no te costará nada!

Finalmente, felicítate por lo bien que lo hiciste y luego podrás disfrutar del festín.

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