Receta de bollos dulces de alcaravea con mantequilla salada e higos
De pequeña, en Dubái, nunca me gustó mucho la fruta fresca.

Mi madre cultivaba granadas, guayabas e higos en nuestro jardín, y recuerdo perfectamente cómo pasaba las cálidas tardes de verano cuidando su cosecha, seleccionando solo los ejemplares más maduros para adornar la mesa del salón. Por aquel entonces, no consideraba la fruta un simple tentempié. Incluso ahora, tiendo a preferir dulces, a menudo cubiertos de chocolate, a esas opciones frescas y más saludables.
Los higos, con su piel correosa y su interior lleno de semillas, me resultaban especialmente desagradables. Cada vez que mi madre mordía con alegría uno de sus higos recién recogidos, yo arrugaba la nariz con desdén.
Pero las madres árabes tienen la habilidad de convencer a sus hijos de que coman casi cualquier cosa, tarde o temprano. Un día, después de pasar horas jugando en los jardines del vecindario, entré corriendo a casa, hambriento de algo para picar.
Mamá me insistió en que me lavara rápido para poder prepararme un sándwich de mermelada, uno de mis antojos favoritos. Cuando me senté a la mesa, tenía tanta hambre que ni siquiera miré lo que había dentro del pan de pita que me puso delante. Desde el primer bocado, quedé fascinada.
Un dulzor profundo, con sabor a higo, contrastaba con una capa mantecosa; una pizca de semillas crujientes brillaba entre tanta riqueza, con un aroma cálido y terroso inconfundible. No era un simple sándwich de mermelada. Miré a mi madre con asombro y le pregunté qué me había dado de comer.
Con una chispa en los ojos, respondió con calma: «Mantequilla salada, semillas de alcaravea… e higos». Me quedé atónita. Desde entonces, estos tres ingredientes conforman una de mis combinaciones de sabores favoritas, que incluso me encanta incorporar en —lo adivinaste— postres horneados. Si te encantan los higos (o si aún no te decides por esta magnífica fruta), te animo a probar esta sencilla pero elegante receta de scones de higo.
Cuando no sea temporada de higos frescos, puedes sustituirlos por higos secos que hayas remojado en agua tibia o té durante 30 minutos.
Ingredientes
- 2¾ tazas de harina de trigo común, más un poco más para enharinar.
- 1 cucharada de levadura en polvo
- 1 cucharada de ralladura de limón finamente rallada
- 2 cucharaditas de semillas de alcaravea, ligeramente tostadas en una sartén seca.
- ½ cucharadita de sal marina fina
- ¼ taza de azúcar
- 8 cucharadas de mantequilla salada, cortada en cubos pequeños.
- 5½ onzas de higos frescos, sin tallo y cortados en cuartos.
- ¾ taza de crema espesa
- 2 huevos grandes, divididos
- ½ cucharadita de extracto de vainilla.
- Azúcar turbinado, para cubrir (opcional)
Instrucciones
- Precaliente el horno a 200 °C. Cubra una bandeja grande para hornear con papel pergamino y resérvela.
- En un bol mediano, mezcla la harina, el polvo para hornear, la ralladura de limón, las semillas de alcaravea, la sal y el azúcar. Agrega la mantequilla fría y, con las yemas de los dedos o un mezclador de repostería, incorpora rápidamente los trozos de mantequilla a los ingredientes secos hasta que tengan el tamaño de guisantes pequeños. Agrega los higos y revuelve suavemente para cubrirlos con la mezcla de harina.
- En un bol mediano, bate la crema, uno de los huevos y la vainilla. Vierte la mezcla líquida sobre la harina y, con una espátula de silicona, incorpora hasta obtener una masa ligeramente grumosa (no la mezcles demasiado). (Si la masa está muy pegajosa, añade más harina, una cucharada a la vez y no más de ¼ de taza).
- Enharina ligeramente una superficie de trabajo limpia y coloca la masa sobre ella. Enharina ligeramente la superficie de la masa y, con las manos, dale forma de círculo uniforme de 20 cm de diámetro. Con un cuchillo largo, corta el círculo en 8 porciones iguales. Coloca los bollos en la bandeja para hornear preparada, dejando al menos 5 cm de espacio entre cada uno.
- En un tazón pequeño, bate el huevo restante con una cucharadita de agua. Pinta ligeramente la parte superior de cada bollo con la mezcla de huevo y espolvorea uniformemente con azúcar turbinado. Hornea hasta que estén ligeramente dorados, de 16 a 20 minutos. Sírvelos tibios o a temperatura ambiente. Los bollos sobrantes se conservan bien en un recipiente hermético a temperatura ambiente hasta por 3 días.
- Quien: Majed Ali

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