Los mejillones no son solo alimento: pueden ayudar a limpiar el agua y reducir la eutrofización
Italia cuenta con más de 8.000 kilómetros de costa, una demanda interna que supera las 8.000 toneladas anuales y algunas zonas naturalmente aptas para la agricultura.
Sin embargo, en lo que respecta a las ostras y, en menor medida, a los mejillones, dependemos casi por completo de suministros extranjeros. La producción nacional ronda las 300 toneladas anuales, y más del 90 % de nuestras necesidades se cubren con importaciones, principalmente de Francia.
Esta es una de las paradojas destacadas por el estudio "Fiscalidad orientada a la misión para la economía azul: una oportunidad para la cadena de suministro de ostras italianas", realizado por los profesores Pasquale Sasso y Benedetta Coluccia del Observatorio de Tecnología e Innovación Agroalimentaria de la Universidad de Pegaso. En este sentido, el profesor Sasso, a raíz de nuestro artículo sobre el estado del cultivo de mejillones en Europa, nos ofreció reflexiones que parten del estudio mencionado y se centran en la acuicultura. Como señala el profesor Sasso, el cultivo de mejillones produce proteínas sin utilizar tierras agrícolas ni requerir piensos y, si se gestiona adecuadamente, puede contribuir a la calidad del agua, el ciclo de nutrientes y la biodiversidad.
Pero es precisamente el valor ambiental del mejillón lo que podría cambiar su perspectiva ecológica, más allá de su simple consumo como alimento o producto tradicional. Esto requiere investigación, inversión y políticas capaces de medir y reconocer los servicios ecosistémicos. Pero, ¿cuánto vale realmente un mejillón para el mar, sus paisajes y sus comunidades costeras?
El punto de partida de la investigación es una premisa más amplia: que las ostras, al igual que los mejillones, no son solo alimento, sino una especie de infraestructura ecológica viva. Un solo ejemplar adulto puede filtrar entre 6 y 7 litros de agua por hora y superar los 160 litros diarios en condiciones óptimas, eliminando fitoplancton, partículas y nutrientes de la columna de agua.
La acuicultura contribuye a la eliminación de nitrógeno y a la reducción de la eutrofización, mientras que los arrecifes crean hábitats favorables a la biodiversidad. Por lo tanto, su huella de carbono es mucho menor que la de las principales proteínas terrestres. Estos beneficios ambientales son aún más significativos si se considera el crecimiento de la acuicultura mundial, dado que, según los datos del estudio, la producción global ha alcanzado aproximadamente 94 millones de toneladas de animales acuáticos de cultivo, superando la pesca extractiva para consumo humano.
Por otro lado, Europa se ha mantenido estancada durante unos veinte años en torno a 1,2 millones de toneladas anuales. En el Viejo Continente, los bivalvos representan casi la mitad de la producción acuícola, y las ostras por sí solas suponen el 9%.
China domina el mercado mundial, con más de 6,6 millones de toneladas en 2023. En Europa, el gigante es Francia, con alrededor de 90.000 toneladas y un valor superior a los 550 millones de dólares.
Italia, con apenas 300,9 toneladas, resulta casi invisible, pero su precio medio es sorprendentemente alto: 7,70 euros por kilo, el más elevado de Europa, frente a los 5,30 euros de Francia y los 4,93 euros de Irlanda. Según los autores, existe además una particularidad propia de Italia que frena su crecimiento.
Las ostras están sujetas al tipo impositivo estándar del 22%, mientras que los mejillones y las almejas se benefician de un descuento del 10%. Esta diferencia contribuye a que las ostras se mantengan en la categoría de productos de lujo, tanto desde el punto de vista psicológico como económico.
Al otro lado de los Alpes, la situación es radicalmente diferente, ya que en Francia, tanto los mejillones como las ostras destinados al consumo humano tributan al 5,5%. Esta diferencia, además de afectar al precio final, refleja dos enfoques distintos para el apoyo financiero a la acuicultura de mariscos.
Y aquí es donde entra en juego el concepto de tributación "orientada a la misión". En lugar de simplemente recaudar ingresos, los impuestos podrían premiar la producción capaz de generar beneficios ambientales cuantificables, utilizando tasas e incentivos para impulsar la inversión y el consumo.




