Navarra demuestra lo que vale un pimiento
Un fin de semana de otoño: un paseo vespertino por un viñedo, una visita a una bodega y una cata de vinos. Suena tentador, ¿verdad? Ahora cambiemos el viñedo por un campo de pimientos. El producto lo vale.
La competencia es aún más feroz en los supermercados, donde los pimientos de Lodosa se enfrentan a productos de Perú o China que se venden a cinco veces menos. «Nuestro pimiento es el menos rentable que existe», explica Jonás. «Entre producción y procesamiento, un frasco debería costar siete euros, pero se pueden encontrar otras variedades en el supermercado por uno o dos». La globalización ha convertido lo que antes era común en un lujo, y esto ha provocado la crisis de un sector que solía sustentar a toda la ciudad de Lodosa. Durante la cosecha, toda la familia colaboraba, pero eso ya no es posible ni legal. Ahora, los agricultores tienen dificultades para encontrar trabajadores que recojan la fruta: «Ni siquiera pagarles un precio justo es suficiente: no hay suficientes manos, y algunos años se quedan cientos de kilos en los campos».
Hoy son pimientos, mañana alcachofas.
Una de las claves de la estrategia para impulsar el sector primario es mostrar su valor a un público que viaja cada vez más por motivos gastronómicos. Bajo el lema «El secreto imperfecto de nuestra tierra», Navarra aspira a «construir un destino estacional, regido por las estaciones, que hoy atraiga a visitantes seducidos por los pimientos y más adelante por las alcachofas o los espárragos», explica David Chivite, responsable de marketing turístico de la región de Navarra. La idea es atraer a viajeros «que respeten la tierra, apoyen a los productores locales y busquen experiencias auténticas»: palabras clave en el sector gastronómico.
De las palabras a la acción: hace unos días, los campos de Lodosa y la Torre de Velasco —una impresionante fortificación medieval recientemente restaurada— acogieron una de estas experiencias inmersivas. Los visitantes pudieron recorrer los cultivos, recolectar los pimientos, aprender a asarlos y pelarlos con los productores y, finalmente, degustarlos allí mismo en la finca, acompañados de otros productos locales. Para cerrar la jornada, el chef Jesús Iñigo creó un menú exclusivamente con pimientos piquillo de Lodosa, maridado con vinos de la Denominación de Origen Navarra.
La hospitalidad de los navarros hizo el resto. La amabilidad de los productores, sus explicaciones sobre los detalles del cultivo y los retos a los que se enfrentan transformaron el evento en algo más que una simple degustación. Porque no se trata solo de disfrutar de un festín, sino de conocer la historia, el cuidado y el tiempo que hay detrás de cada fruto. En definitiva, se trata de comprender el verdadero valor de un pimiento.




