Loco por Latas: una nueva forma de ver los productos enlatados
Una lata puede ser tan simple como abrirla y disfrutarla con pan, pero también puede encerrar una tradición familiar, una relación con el mar y una forma particular de entender el producto.
Una lata puede ser tan simple como abrirla y disfrutarla con pan, pero también puede encerrar una tradición familiar, una relación con el mar y una forma particular de entender el producto.
En México, Loco for Latas busca ampliar esa conversación. La iniciativa comenzó hace aproximadamente un año y medio como una sub-marca de Panache, una empresa dedicada a la importación y distribución de productos gourmet para restaurantes, incluyendo trufas, caviar y foie gras. Su punto de partida fue una observación de Daniel Blackburn, CEO de Panache: “Si bien en España y Portugal existe una cultura muy arraigada en torno a las conservas, también está surgiendo una nueva generación de productores que combina tradición, calidad y creatividad”.
La idea comenzó a tomar forma después de que Blackburn visitara la Feria de Alimentos Gourmet en Nueva York y descubriera el auge que estaban experimentando los productos enlatados. Poco después, viajó a España y Portugal para reunirse con productores y conocer de primera mano el sector.
“Aquí existe una cultura de las latas, pero desde mi punto de vista, había dos vertientes: una muy tradicional, como la mexicana, y otra más clásica, con tapas y marcas tradicionales”, comenta. “Pero dentro del sector de las tapas hay una industria en auge que ofrece productos de alta calidad, manteniendo la tradición de generaciones, pero con un toque de creatividad”.
Entre tradición y creatividad
Este cruce de caminos es el territorio que Loco for Latas quiere explorar. Su catálogo reúne conservas y patés principalmente de España y Portugal, con una oferta que va desde productos clásicos hasta combinaciones menos convencionales: pescado preparado con curry, pesto, salsas picantes o diversos tipos de especias.
La diferencia no reside solo en el contenido de cada lata, sino también en la historia que hay detrás. Para Blackburn, elegir qué marcas llevar a México significa ir más allá del empaque o de una receta atractiva.
“Lo primero es que nuestras relaciones comerciales deben ser directas con los productores”, explica. “Es importante que sepamos exactamente de dónde provienen las materias primas, que se trate de pequeñas producciones, de fábricas pequeñas, con generaciones de tradición a sus espaldas”.
Esa conexión con el origen es uno de los criterios que definen la selección de Loco para Latas. Blackburn busca marcas que mantengan una estrecha relación con los pescadores y trabajen con materias primas selectas, a menudo dentro de estructuras familiares donde el conocimiento se ha transmitido de generación en generación.
“Son marcas que se preocupan de verdad por el producto, que son un poco más exclusivas y que eligen mejores materias primas que otras marcas más industriales. Para mí, es muy importante tener esa conexión y compartir esa pasión por lo que hacen.”
Una lata también puede ser una experiencia
El enfoque de Loco for Latas también surge de cambiar una percepción. En México, la palabra "lata" aún puede evocar imágenes de productos asociados con la conveniencia o la comida cotidiana. Para Blackburn, esa idea pasa por alto una parte importante de lo que pueden representar los productos enlatados. "La industria en su conjunto está luchando por cambiar el estigma de que algo enlatado no es de alta calidad", afirma. "Sí lo es".
Según afirma, este cambio también está relacionado con la forma en que las nuevas generaciones se acercan a la gastronomía. Inicialmente, los clientes de Loco for Latas eran principalmente personas familiarizadas con las conservas, ya fuera por viajes a España o Portugal o por vínculos familiares con esos países. Sin embargo, poco a poco, el interés se extendió a consumidores que simplemente sienten curiosidad por descubrir algo diferente.
“Estamos observando un gran crecimiento entre las personas de alrededor de 30 años, que buscan cosas nuevas, sienten curiosidad por probar cosas diferentes y están interesadas en la gastronomía”. En ese contexto, una lata puede ocupar un lugar distinto en la mesa: junto al queso, una botella de vino y un poco de pan; como parte de una reunión con amigos o como ingrediente para preparar una comida completa.
Desde el aperitivo hasta la cocina
Una de las ideas que Loco for Latas busca promover es que los alimentos enlatados no tienen por qué terminar en el momento en que se abre la lata.
Por supuesto, disfrutarlas solas sigue siendo parte de su atractivo. Pero también pueden ser el punto de partida para preparar pasta, arroz, ensalada o platos más elaborados. En su propia plataforma, la marca ha comenzado a desarrollar recetas con la intención de demostrar que los productos enlatados pueden integrarse en la cocina diaria sin perder su esencia.
“Una cosa es abrir la lata y comérsela así. Está perfectamente bien y está deliciosa, acompañada de pan. Pero también se pueden preparar platos con ella”, explica Blackburn.
La posibilidad de combinar productos de diferentes culturas amplía aún más el abanico de posibilidades. Sardinas con teriyaki, pescado con curry o platos preparados con salsas contemporáneas son ejemplos de cómo una categoría tradicional puede encontrar nuevas expresiones. «Te abre un poco la mente», resume Blackburn.
Elegir una lata es también elegir un origen.
Entre las marcas incluidas en la selección se encuentran Luliña, La Curiosa y Los Peperetes de España, así como José Gourmet, ATI Manel y ABC+ de Portugal. Esta selección refleja la búsqueda de pequeños productores, tradición y creatividad.
Uno de los ejemplos que destaca Blackburn es el de Cristóbal Fernández García, cuya familia cuenta con generaciones de experiencia en la pesca y la conserva. La marca combina este conocimiento con un enfoque más contemporáneo e incorpora además iniciativas relacionadas con la protección del litoral español.
“Su familia lleva generaciones dedicándose a esto. Su madre trabajaba en las conserveras, seleccionando el pescado y determinando cuáles tenían la calidad suficiente para ser procesados. Toda su vida gira en torno a eso, pero como hijo de esa familia, también tiene un lado innovador y está aportando mucha creatividad a sus recetas.”
Para Loco for Latas, esa combinación es fundamental: preservar el conocimiento sin convertirlo en una pieza de museo.
Descubre una reserva natural, una lata a la vez.
Parte de esa intención se materializa en el Club Latosos, un modelo de suscripción que permite a los usuarios recibir una selección mensual de cuatro productos enlatados y descubrir diferentes productos sin tener que elegirlos previamente. La idea aborda una de las principales barreras que Blackburn identifica en esta categoría: no saber por dónde empezar.
Su recomendación para quienes deseen adentrarse en este mundo es experimentar. Y hacerlo sin demasiadas reglas. «Con la grasa de pescado o de sardina, o con el aceite de oliva, es muy buena idea mezclarla con ácidos. Por eso, el pepinillo, la cebolla o el tomate funcionan muy bien si estás experimentando».
Tiene sus platos favoritos. Entre ellos destacan las anchoas marinadas de España, que disfruta con pan o incorporadas a la pasta, y los calamares pequeños de Luliña, que considera especialmente buenos preparados con pasta y mantequilla.
El almacenamiento adecuado es fundamental. Blackburn recomienda consumir los productos enlatados una vez abiertos y, si sobra algún producto, refrigerarlo y consumirlo al día siguiente. En el caso de productos curados, como las anchoas y los alevines, el tratamiento es diferente debido a sus métodos de conservación.
Una industria que mira hacia el futuro.
Si bien Loco for Latas se centra actualmente en productos de España y Portugal, Blackburn también está atento a lo que sucede en México. Reconoce la tradición local de conservas y el trabajo constante de los productores familiares, pero cree que aún hay margen para desarrollar una industria que combine productos mexicanos, identidad de marca y nuevas estrategias de marketing.
“Aquí existe una cultura de enlatado, pero el producto es muy diferente. El tipo de sardina que se consume en México es distinto al de Suiza, Portugal o España; lo mismo ocurre con los mejillones.”
Para él, el potencial reside particularmente en productos como el atún mexicano, cuya materia prima podría encontrar nuevas posibilidades a medida que evolucionen los productores y las formas de presentar el producto.
La conversación no se limita al sabor. Blackburn cree que los alimentos enlatados y otros formatos de conservas también pueden abordar problemas específicos de desperdicio y utilización de recursos. Señala que en restaurantes y hoteles hay productos que terminan desperdiciándose; las presentaciones en porciones individuales y de larga duración pueden ser una herramienta para reducir esas pérdidas.
Detrás de Loco for Latas no solo hay una fascinación por lo que sucede dentro de una pequeña caja de metal. Hay una pregunta más amplia sobre cómo comemos, qué productos elegimos conservar y qué historias estamos dispuestos a guardar.
Para Blackburn, la propuesta es sencilla: abrir una lata, probarla y dejar que ese primer bocado sea el comienzo de algo más.




